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3i na. Amadla mas que vuestras vidas, y cumpHÆ 33 fielmente con las obligaciones que os impone* j. Si en ésta vida liemos tenido tanto deseo de a, vuestra santificación , qué no tendremos en el Cielo, haviendo Dios coronado en la Gloru nuestros tormentos, y el sacriñcío que le hacemos „<áe nuestras vidas?

No respondieron los fervorosos Christianos fino? con lagrimas , y testimonios nada equívocos de la veneración, y reconocimiento, que tenían á los Con-; fessores de Chriíto: fe postraron en tierra , abra-i zaron fus rodillas,y besaron mil veces fus cade-i ñas. En fin, llenos de una fortaleza toda Divinafe retiraron resueltos á sufrir todo para conservar su Fe. Luego que Calieron, otros ocuparon fu lugar,; y assi fe succedieron uñosa otros-todo el día ;de. manera , que apenas hallaron un instante para tra-i tar con Dios , y pedirle fuerzas para salir victor riofos del combate, en que iban á entrar en de-; fenfa de la Fe. El día doce, al amanecer , llegó á la; Cárcel el Catequista Benito , acompañado de un Christiano de calidad distinguida , por nombré .Thomas, y de otros muchos Neophytos , á defpe-, dirfe de los Padres : les dieron el glorioso título de' Martyres de Jcfu-Chnsto , y toda la conversación fue sobre el valor de los tormentos , y la dicha de confessar publicamente la Fe delante de los Tyra-i nos, derramando la sangre en fu defensa.

Estando aim en santa conversación , entraron los Soldados con la espada desnuda, y echaron de ialli á los Christianos. Luego, con cadenas de hierro les ataron los brazos de fuerte,que uno de los cabos de la cadeiu cogía el brazo derecho, y dandq

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buelta por las espaldas , el otro cabo cogía el bra^ zo izquierdo. Era la cadena tan corta para algunos y que no podían descansar las manos sobre el pecho. Entretanto el Catequista Benito , y muchos Chiistianos y fe retiraron á la cafa de la Bortza, que estaba vecina , y aunque Infiel, derramo muchas lagrimas, que salían de un corazón vet-, laderamente compassivo , luego que tuvo noticia 3 que los quarro Padres estaban condenados á muerte. Se hiz.o fu continuo panegyrista: elogia-, ba las virtudes 3 que tantas veces havia admirado, y culpaba sin rebela U crueldad del Rey , y los Mililitros j que condenaban á mue-ite mos hom,bres de vida tan inocente y tan exemplar.'

A ias diez de Ja mañana fueron Ucados de fa Cárcel los qnatro Mifsíoneros, y el Catequista Maceos, y conducidos á las puertas de Palacio 3 distantes una legua de la prlíion. Marchaban con los píes desnudos , y arrastrando fus cadenas con mucho trabajo, iba el primero el Padre Alvarez s y le fe-; guían los Padres Abrcu 3 Cvatz , Dacufiaa y el Caté-, cjuista. Una alegría modesta, retratada en fus ferrir blantes, denotaba st^ gozso.jé Inferior satisfacción. Iba, cada uno acompañado de un Soldado 7 y de un Ver«i dugo, que llevaba el sable desenvaynado, y el otra" Ja lanza enristrada» Cerraban la marcha dos filas de Soldados ¡ y á poca distancia seguían múchosf Chdsttanos del uno, y del otro sexo ,y mucho rna-* yor numero de Gentiles. Llegando á las puertas Se Palacio 3 mando el Capitán de la Escolta , que^ se hicieíse alto , y fe defotnsaíse. Permitió también,; que ios prisioneros fe sentaísen, para que pudieísert Liacer otra marcha mucho mas penosa. No por estV losdexaron con quietud , porque fueron el juguete del Pueblo , que los llenó de injurias, y de oprobrios. Acercándose á -ellos algunos Eunucos de Palacio, mezclaron fus groíferas burlas con los insultos del Populacho. Uno ciedlos,con gestos ridículos, y haciendo el bufón, les daba á conocer, que presto serian fus cabezas separadas de los omb.os : otros recogían las pajas del suelo , y formando Cruces con ellas, fe las daban á befar por mofa, y escarnio.

No ce isa ron los ultrages ? hasta que apareció un Eunuco de Cámara, acompañado de un Soldado Chrístiano , que le servia de Interprete. Venia en nombre del Rey á preguntar á los Missioncros, si era verdad, que en ei tiempo mismo que fueron cogidos , fe les havía quitado lo que traían. Un Catequista llamado Sebastian, sabiendo que el Interprete era ChristÍano,le habló al oido , rogándole 3 que de su pane dieíse la norabuena á los Padres , de que iban ya á recibir la palma del martyrio. Cumplió con la comiísiem el Interprete, y los Padres, fin decir palabra , le respondieron levan-, tando los ojos al Cielo, y dándole á entender, que á Dios solo debían tan grande favor. Poco después llegó un Secretario del Supremo Tribunal, y passó en revista á los prisioneros. Estaba fu Sentencia escrita en Lengua Tonkinesa:la del Catequista Marcos le condenaba solamente á destierro. Bolvíó , pues» ¡al Tribunal, donde la Sentencia havia de ser rebestída de la ultima formalidad, y firmada de los primeros Mandarínes.

,. Entretanto tuvo gana el primer Mandarin de la Corte de ver de mas cerca los quatro Estrange ros,

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•y acompafKulo_.de muchos Eunucos, y Mandarines ínbakcniüs, passó adonde estaban , y losmíró, uno después de otro, con mucha atención. Sorprchendido uno de íos Eunucos de no vér señal alguna de tristeza , ó turbación en sus semblantes , antes bien un cierto ayre de gozo, y contento, que en lo natural no decía bien con el estado en que fe hallaban, exclamó: „ Muy esculpida debe estar la Ley 3} Christiana en el corazón de estos Estrangeros. 3y Para enseñarla á Sos otros , abandonan fu Patn'a j y lo que mas amaban en este mundo: fe exí} ponen á los rigores de una larga prisión , y recí>, ben la muerte con tanta alegría. Pidió el Catequista Marcos licencia al Mandarin de despedirse de los Padres , y decirles el ultimo a Dios , porque no les bolveria á ver en este mundo : le Fue concedida, y al punto , saliendo de la rila, se arrojó á los pies de los Misioneros, Como les habló en voz baxa , nada fe pudo íaber de fu conversación; pero no se duda , que les manUcstaria fu pesar, y atlíceionde no haver sido juzgado digno de acorné pañarlos al martyrio: porque fe tuvo noticia cierta , que no haviaomitido diligencia, ruegos, suplicas^ instancias,para ser comprehendido en la misma pena : que representó á ios Jueces, que si merecían los Estrangeros la muerte, por haver venido á prei dícar la Ley Christiana en el Reyno, el, que los hayiaconducido,inerecia,por mas justo titulo,cl mismo castigo. No atendieron á sus razones, en atención al gran Mandarin de la Corte, que le protegía ; y que, como ya lo hemos dicho 31c havia dado un Pasta-j porte para ir á la China.

Luego que el Catequista Marcos bolvió a fu puesto, llego el Secretario del Tribunal con la Sen* tcncia firmada de los primeros Mandarines, y traducida en Lengua Portuguesa , para que la entendieren los quatro Prisioneros. Estaba en estos términos : 3J En quanta a vosotros quatro 9 que sois Es" trangeros, manda, el Rey , que fe os corten las cabezass por haver venido a predicar la Ley Christiana s que ejia proscripta en su Beyno. Leída la Sentencia , fueron nombrados los dos primeros Mandarines para presidir ala execucion ,y al punto fe pusieron en marcha los prisioneros para el lugar del suplicio , distante dos leguas de Palacio. Caminaron con la misma orden , que havian salido de la Cárcel; pero con. mayor Escolta de Soldados. Seguían la marcha los dos Mandarines llevados en sillas de manos, y acompañados de muchos Eunucos , y Mandarines subalternos. A cierta distancia iban infinitos Christianos, c Infieles, unos por curiosidad, y otros por odio, y aversion,que tcnian á la Religion Christiana. Muchos iban llevados por el afecto, que tenían á fus Pastores, y por el sentimiento 3 que tenían de perderJos.

Aunque incomodaba mucho á los Padres el peso de sus cadenas, marchaban alegres, y muy, íblTegados. Parecía el gozo mas retratado en el semblante de! Padre Dacuña: Jo que causó tanta nove-, dad en el primer Mandarín> que le embió á pre-. guntar, si sabia,adonde le llevaban. Respondió el Padre: que bien sabia,que le llevaban á ser degollado en odio de la Fé, que havia venido á predicar en el Reyno ; pero que sabia también , que perdiendo la vida del cuerpo por tan justa causa , voJaria su*alma al Ciclo, para gozar de una eterna

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