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operación; pero le costó caro su curiosidad,sin que se atrevicííc á quexarfe. Entretanto reían los otros Doctores á grandes carcaxadas , viendo que fe derretía la nieve , que yo meneaba con la mano , no imaginándose , que el agua que havia en la salvilla, y mas próxima al fuego , pudieífe jamás elarfe.

Entretanto fe travaba el agua , y en muy poco tiempo fe concluyó la operación. Como el Doctor incrédulo no podía sufrir por mas tiempo el calor del fuego , y á cada instante apartaba la cabeza de la lumbre , le dixe : „ Os tengo lastima: vuestra afsistcncia ya es inútil : podéis soltar la salvilla , sin temer que se cayga. La soltó en efecto, y se retiró muy aprisa. Viéndolos demás Señores la salvilla colgada de la escudilla , que tenia yo en la mano , lo estrañaron sumamente. Llegaron , y tocaron el yelo con les dedos : tomaron en fus manos lab dos piezas pegadas , y manejándolas íin precaución , íe mojaron con el agua de nieve , que caía íobre fus vestidos. Esperen , Señores , les dlxe : voy á satisfaceros de modo , que no os quede la menor duda. Poniendo cerca de la Iambic el aísiento déla salvilla , y bolviendo la escudilla boca abaxo , fe me quedó en la mano como un plato de yelo muy puro , y transparente. Querían , á porfía, manejarlo , y mirarlo á la luz de las hachas, que alumbraban la Tienda. El Doctor incrédulo , no fiándose ni de fu vista , ni de íu tacto , rompió la pieza, y tomó un pedazo en la boca para comerlo , íuponiendo que el gusto feria mas fiel testigo de la verdad del hecho, que los otn s sentidos. Es de notar , que los Girinos de Pekín , en los grandes calores 3 no solamente behen agua de nieve 5 mas también comen gründel pedazos de yelo , sin que los haga mal. Havien* dolo comido , dixo , que era verdadero yelo, y. del mejor; y añadió: Me doy por convencido, y hago también justicia al que lo merece: pero protesto , que si no fe huviera. hecho la operation en mi presencia, jamás la naviera juzgado 3, possible.

Pero no echaba de ver, Señor ,que podía can* faros , refiriendo una cofa , que nada os importa, y que nada os enseña , sino, quizá, á conocer el ge*; nio , y carácter de los Letrados Chinos. Si es falca en mi esta inadvertencia , es efcufable , por havermela ocasionado fu docta Diífertacion sobre el yelo. El día después acompañé ai Emperador á la caza: eran estos Señores, como yo, meros miradores, que podian salir de fu siia , y lo hicieron , impacientes de hablarme, Havian la noche anees tentado inútilmente hacer yelo, remedando lo que me havian visto hacer , y deseaban saber cómo lo havia podido executar. Les respondí,' que acudiessen al Señor Préndente, 3, Si, Señores, respondió este , ayer noche hice la experiencia con felicidad» Os comunicaré el secreto , pero no por aora : paguen con alguna paciencia la pena de su incredulidad. Encarándose luego conmigo el Presidente , me dixo: Cómo fe forman el granizo , eí trueno , y las tempestades ? Se lo expliqué , lo mas claramente que me fue possible: mi explicación no era sin réplica , pero fus argument tos- eran casi todos sobre los efectos del rayo. Cae muchas veces 3 me decían, "en lugar de subir, y diíu garfe end ayre , como la pólvora,

I Bícn veo , Señores, les respondí, que es preciso convenceros otra vez con el testimonio de F„íos ojos. Compondré pólvora , que hará ruido I, como el trueno; y en lugar de hacer fu efecto ázia arriba, lo hará ázia abaxo , y paisa ra una. „ cuchara de hierro , en la qual se pondrá á callentar. Tenia conque hacer la pólvora fulminante. Ei fuccíío de esta nueva experiencia , de que fueron testigos, aumentó ia admiración de todos: uno de ellos me dixo , que en adelante podia engañarle , porque después de lo que havia visto , no podía menos de creerme en todo lo demás. Soy incapaz , le respondí, de engañar anadie ; antes bien quisiera ser tan afortunado, que os desengañaíseso-. bre errores concernientes á la Religion; y fon de harto mayor confequencia para vuestra felicidad, que la ignorancia de algunos efectos naturales. Otro dia cayo la conversación sobre el modo que. fe forman las piedras en las entrañas de la tierra. Mi respuesta fué corta , porque es perder tiempo con esta gente , gastarlo en especulaciones: las oyen solamente por complacencia: no las creen , y ai fin hemos de venir á parar al testimonio de ios sentidos. Queréis, les dixe entonces, que os llevé hasta el centro de las montañas , y á lo mas pro-: fundo de las canteras, para haceros tocar con el 5, dedo , lo que acabo de deciros de la formación, 3, y aumento dé las piedras ?No , me dixo uno de ellos: mas quiero creeros sobre vuestra palabra, que emprender un viagetan obscuro , y pellgrolo ; pero si , sin correr tantos riesgos , quisiereis mostrarnos una piedra de vuestra hechura , nos Tom.XlF, B obii

„ obligaríais muy mucho , y en adelanté seriamos mucho mas dóciles.

„ De buena gana , le respondí, pero aquí; no „ puede ser, porque me falta lo neccíTario para contentaros. Os haré en Pekín una piedra, ílnser^ virme de algún cuerpo duro , ó sólido en fu com* aposición: os enséñate el modo de hacerla , y con „ el primer ensayo seréis Maestros en esta Facultad. No tendréis que hacer , sino mezclar dos efpe-< cies de líquidos : los veréis hervir , pelear et uno con el otro, y no fe acabará el combate > sino „ con la destrucción del uno , y otro liquido , no quedando en la vasija sino una piedra blanca en „ el fondo. Pero os acordaréis de vuestra palabra >, de oírme después con mas docilidad sobre uii aíTunto mucho mas elevado, y de infinita utilí„ dad para vosotros , porque os pondrá en camino j, de ganar una felicidad eterna. Haced loque de,,, cis, dixo el Doctor, y no tendré dificultad e& ,, creeros.

Borraría, Señor, lo que tengo la honra dee£ *criviros,si fe dirigiera mi Carta á otra persona, que no tuviera tartas luces í porque quizá me echaría en cara , que un Mifsioncio debe solamente anunciar con simplicidad la Fe á los Infieles, sin entretenerse climaterias de Physica, y depura cu-r riosidcV*. Respondería á esta reprehension, que ha enseñado ia experiencia á ios antiguos Miísioneros>que qua n do fe hade predicar á los Grandes> y Letrados de este Imperio, no fe logra comunmenre el fin comenzado, directamente por los Mysterios de nuestra Santa Religion r los unos Ies parecen obf

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fcuros, los otros increíbles. La persuasion en,que están, que nada saben los Estrangeros sobre la Religion, que sea comparable á su Doctrina, hace que si los oyen por un instante, buelvan luego la conversación sobre otra materia. Su vanidad , la estimación que tienen de si mismos, el desprecio que hacen de las otras Naciones , transpiran , por mas que no quieran, en fu fingida modestia, y en los ter-i minos cortesanos que afectan. Para merecer, pues; fu atención , es preciso acreditarse ganar su estimación con el conocimiento de las cofas naturales , que ignoran por la mayor parte, y desean aprender: nada los dispone mejor á oírnos hablar de las verdades del Christíanismo r principalmente si se añade á lo dicho mucha complacencia , y mucha paciencia en resolver las dificulta-; des buenas, ó malas que proponen , mostrando siempre hacer mucho cafo de fu capacidad, y mérito»; Contemporizando de esta manera co-n prudencia; nos insinuamos en fu afecto, é introducimos iníensi-? biemente las verdades de la Fe en fu corazón.

Vengo aora á vuestra Carta,.que es respuesta á la que tuve la honra de escriviros en el mes de Diciembre de 1730. En ella os decía la mayor par-i te délas causas, que siempre han retardado en la China el progreííb de las Ciencias, y principalmente de la Astronomía. Os parecen solidas las razones que he dado; pero sentís que los Chinos en tantos siglos ,debaxo de un Cielo tan sereno , y en una situación tan favorable , como la Chaldea, y ci Egypto , de donde nos vinieron los primeros conocimientos Astronómicos, no hayan hecho mas adelantamientos en esta Ciencia. Confieífo , que es

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