Veladas literarias de Lima: 1876-1877

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Juana Manuela Gorriti
Imprenta Europea, 1892 - 486 páginas
 

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Página 103 - Ya el estruendo de broncas cadenas que escuchamos tres siglos de horror, de los libres al grito sagrado que oyó atónito el mundo, cesó. Por doquier San Martín inflamado, libertad, libertad, pronunció, y meciendo su base los Andes la anunciaron, también, a una voz.
Página 8 - Las letras lo son todo. Las letras viajan, son la luz que inunda en un instante el espacio y lo colora, la arista que lleva el grano de la idea y que es arrebatada por el viento de las edades, para llevar a todas partes germen, árbol, flor y frutos.
Página 104 - Lima cumple ese voto solemne y severa, su enojo mostró al tirano impotente lanzando que intentaba alargar su opresión. A su esfuerzo saltaron los grillos y los surcos que en sí reparó, le atizaron el odio y venganza que heredara de su Inca y Señor.
Página 75 - Garcilaso, el delicadísimo poeta toledano; pero tengo para mi que no anduvo muy moral ni en lo verdadero cuando escribió aquellos dos versos, que saben de coro hasta las monjas y los niños de la doctrina: Flérida, para mí dulce y sabrosa más que la fruta del cercado ajeno.
Página 216 - Guardó más digno objeto, más sublime. El alma libre, generosa, fuerte, Viene, te ve, se asombra, El mezquino deleite menosprecia Y aun se siente elevar cuando te nombra.
Página xviii - ... reconstruir mi vida despedazada por tantos dolores, y extraer del delicioso oasis de la infancia, algunos rayos de luz, algunas flores para alumbrar y perfumar mi camino. ¡Ah!
Página 342 - ... Asistente 2° y el Secretario, recayendo tales puestos en la flor y nata de la aristocracia limeña. IV Faltaba elegir al Tesorero, y por aclamación se confirió tan importante destino al Sr D. Juan de la Coba y Campusano, Conde de Orrantia, Conciliario perpetuo del Santo Oficio de la Inquisición y Guarda mayor de montes y plantíos de la ciudad de los Reyes, su arrabal y comarcas. Véase si el hombre era de tantas campanillas y de tamaño badajo. Ipso facto entregó el padre prelado al Tesorero...
Página xxxvi - Fuíme con esto, y lleno de despecho, Busqué mi antigua y lóbrega posada, Y arrojéme molido sobre el lecho; Que cansa, cuando es larga, una jornada.
Página 70 - Que sin levantar las manos Ven entre infames horrores, La sangre de sus hermanos A borbotones correr : Y adormidas sus potencias En festines corruptores, Desoyen las exigencias Del honor y del deber . . . Espera, Habana, que el día Ya de la justicia avanza, En que armados de venganza Tus nobles hijos verás : En que la audaz tiranía Arrojada de tus lares Cruzará los anchos mares Para no volver jamás. Pronto te alzarán triunfante, Nuestras invictas legiones. Y sus salvajes bridones En tu Almendar...
Página 221 - Al mirar cómo derrama Su raíz sobre la tierra, Y sus dientes allí entierra Y se afirma con afán, Parece que alguien le dijo Cuando se alzaba, altanero: Ten cuidado del Pampero, Que es tremendo su huracán.

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