Imágenes de página
PDF
ePub
[ocr errors]

conversaciones inutiles, y para mantenerse unida con Dios , comenzaba siempre alguna platica piadosa, à las combidaba à cantar Hymnos, y Canticos en alabanza del Señor. Sus comidas eran muy parcas, y muchas veces no comia hasta la noche, mezclando entonces, en fecreto , ceniza con lo que la daban , para quitar à su paladar todo el gusto que podian dàr las viandas: usaba esta mortificacion todas las veces que podia, sin ser vista.

No era del gusto de Cathalina la morada en los bosques, aunque tan deseada de las mugeres de los Salvages; porque desembarazas de los afanes domesticos, paslan el tiempo en diversiones , y banquetes. Ella al contrario : suspiraba por la buelta al Lugar , porque la Iglesia , la presencia de Jesu-Christo en el Augusto Sacramento del Altar , el Santo Sacrificio de la Missa, los frequen? tes Sermones, y demás exercicios de devocion, que no se pueden lograr en los bosques , eran los unicos objetos que la agradaban : todo lo demàs la daba en cara. Por lo qual , luego que

bol-, viò à la Mission , se impuso una obligacion de no bolver à salir de ella. Llegò al Lugar àzia la Semana Santa, y por la primera vez assistiò à las ceremonias de estos santos dias.

No me detendrè en referir à V. R. su ternura, à la vista de una confideracion tan piadosa, como la de los dolores, y muerte de un Dios para salvar à los hombres. Sus lagrimas apenas se interrumpian , y tomò la resolucion de llevar en su cuerpo, los dias que la quedaban de vida , la mortificacion de Jesu-Christo. Desde este tiempo buscà

[ocr errors]

to

rodas las ocasiones de mortificarse , ò para satisfacer por las faltas ligeras, que en su concepto eran otros tantos atentados contra la Magestad Divina, ò para retratar en sì la Imagen de un Dios crucificado por nuestro amor. Las conversaciones con Anastasia , quien con frequencia la hablaba de las penas del Infierno, y de los rigores que exercian los Santos contra sì mismos , fortificaron su inclinacion por las austeridades, y penitencia. Un acaso , que la puso en gran peligro de perder la vida , animò aun mas su determinacion. Cortaba en el bosque un arbol , que cayó mas presto de lo que pensaba : tuvo lugar para evitar su peso, retirandose del tronco, que sin duda la haviera quitado la vida ; pero una de las ramas la hiriò tan gravemente en la cabeza , que cayó en tierra fuera de sì , y desvanecida. Bolvió en sì despues de un corto rato , y vieron , que con ternura pronunciaba estas palabras : Gracias os doy , à buen Fefus, de baverme socorrido en este peligro. Se persua diò , que Dios la conservaba para satisfacer con la penitencia por sus pecados. Assi lo declarò à una compañera, llamada, como ella, à una vida austera , con quien tenia tan estrecha union, que se comunicabaa la una à la otra lo que havia de mas fecreto en su interior. Tuvo tanta parte esta nueva compañera en la vida de Cathalina , que no puedo menos de dar à V. R. alguna noticia de ella.

Theresa , afsi se llamaba , havia sido bautizada. por el Padre Bruyas en el Pais de los Yroqu:s; fero la corrupcion de costumbres, que reynaba. en su Pais , y los malos exemplos , que tenia cootinuamente à la vista , la hicieron puisto olvidar las

obligaciones de su Bautismo. La morada, que ala gun tiempo havia hacia en la Mission del Salto con toda su familia , havia producido en sus cole tumbres una mudanza no menos que mediana: un acaso bien estraño causò en fin su conversion.

Havia ido à caza con su marido , y un sobrino fu. yo mozo , àzia el Rio de los Outaouacs. En el camino se les juntaron algunos Yroques , y eran once personas : quatro honbres , quatro mugeres , y tres mozos : Theresa sola era Christiana. Cayò aquel año la nieve muy tarde, y les faltò caza: consumieron presto sus provisiones , y fe vieron reducidos à comer algunas pieles, que havian llevado para hacerse zapatos. Luego comieron tam, bien sus zapatos ; y en fin, apretados de la hambre, vivieron solamente de yervas, y cortezas de arbo. les. Entretanto cayo malo de peligro el marido de Theresa, y obligó a los cazadores à que se detuvieflen. Dos de ellos, un Agnie , y un Tsona nontuan , tomaron el partido de alexarse en busca de alguna rès, con palabra de bolver dentro de diez dias à mas tardar. En efecto bolviò al tiempo señalado el Agnie ; pero Tolo , y diciendo ,que su compañero havia muerto de hambre, y miseria. Sospecharon , que le huviesle muerto , y comido sus carnes ; porque confessaba, que no havia hallado caza , y no obstante estaba fuerte, y robusto. Pocos dias despues muriò el marido de Theresa, con gran sentimiento de no haver recibido el Bautismo : y los que quedaban de la tropa , fe encaminaron Rio abaxo, para llegar a las Colonias Francesas. Despues de dos , ò tres dias de marcha , quedaron tan sin fuerzas , por falta de ali

mento , que no pudieron dar un passo adelante. Les inspirò la desesperacion la resolucion horrible de matar à algunos de la Compañia, para que viviessen los demás. Echaron mano de la muger del Tsonnontuan , y de sus dos hijos , à quienes degollaron uno despues de otro. Este espectaculo espantò à Theresa : debia temer la misma fucrte, yen tal lance, reflexionando sobre el lastimoso el tado de su conciencia , se arrepintiò de haverse entrado por las selvas , lin laverse antes purificam do con una buena confession. Pidiò à Dios perdon de sus pecados : hizo proposito de confeffarse , lo mas presto que pudiesle, y de hacer penitencia. Oyò Dios su oracion, y con fatigas increibles , llegó en fin al Lugar , con otros quatro que

havian

qucdado de la Tropa. Guardò una parte de su propofito , confessandose luego que bolviò af Lugar ; pero la reforma de sus costumbres, y los rigores de fu penitencia fueron mas tardios.

Un dia , que miraba la nueva Iglesia , que se edificaba en el Salto , quando se transplantò à el la Mission del Prado de la Magdalena , encontrò alli à Cathalina', que tambien estaba mirando la fabrica. Se saludaron por la primera vez, y para entrar en conversacion, la preguntò Cathalina, què parte de la Iglesia estaba destinada mugeres ? La respondió Theresa', mostrandola el parage donde , à su juicio , se pondrian las de su sexo. Ay ! replicò Cathalina con un suspiro , no s, es en este Templo material donde gusta Dios mas

de habitar : dentro de nosotras mismas quiere tener su morada. Nuestro corazon es el Templo , que mas le agrada. Pero ay de mà ! Quan

para las

ور

** tas,

1

رو

[ocr errors]

tas veces le he obligado à salirse de este corazon, donde queria reynar solo , y no merecicra, que para castigar mi ingratitud , me cerrassen pará Tiempre la puerta de este Templo , que se levana ta à su mayor gloria?

در

que Dios la

Sentimiento can humilde, tocò en lo vivo del corazon de Theresa , y en el misino tiempo se avivaron los remordimientos de su conciencia , solicitando la execucion de sus promessas , y persuadiendola , que Dios la embiaba à esta fanta doncella , para ayudarla con sus consejos , y exemplos en la nueva vida , que queria abrazar. Descubriò, pues , à Cathalina los santos deseos inspiraba : insensiblemente en la conversacion se comunicaron la una à la otra sus mas secretos pensamientos. Para tratarse con mas seguridad , se fueron à sentar al pie de una Cruz , erigida en la ribera del Rio de San Lorenzo. Este primer encuentro, en que se comunicaron la conformidad de sus afectos , è inclinaciones, fuè el nudo , y cimiento de la amistad santa , que durò entre ellas hasta la muerte de Cathalina. Desde aquel punto no sabian apartarse la una de la otra : iban juntas à la Igleka , à los bosques , y à su trabajo. Se animaban. mutuamente en el camino de Dios con piadosas conversaciones: se daban parte de sus penas, y repugnancias : se avisaban de sus faltas : se alenta: ban à practicar la mortificacion , y penitencia ; y. se aprovechaban grandemente la una à la otra, para adelantarse mas , y mas en el camino de la perfeccion.

Assi disponia Dios à Cathalina para el nuevo combate , que se levantò contra su amor à la

« AnteriorContinuar »